lunes, 4 de julio de 2011

Tácticas para calmar a las fieras

Mi vuelo a Alemania fue una sucesión de suerte, no suerte, suerte, no suerte…

Todo empezó de manera positiva cuando no me pasaba del peso en la maleta a facturar y no me pesaron la de mano, que tenía unos kilos de más.

A esto le siguió una de mala suerte, ya que salía de la T2 y el kiosco de prensa estaba al final del mundo y las revistas de ese mes ya las había leído. Así que compré una de esas finitas y me la leí antes de embarcar, lo cuál implico después aburrimiento durante el vuelo.

Suerte: Embarcamos de manera puntual. Y conseguí hablar con mi tía y mi madre antes de embarcar.


Mala suerte: Me habían sentado al final del avión, a lado de los motores.

Buena suerte: Me toco una chica joven y maja sentada al lado (eran filas de dos).

Mala suerte: Poco después de montarnos, nos informan de que un pasajero llega tarde. Que tenía conexión de otro vuelo de Lufthansa y blablablabla.

Buena suerte: La persona a la que esperamos, super-ejecutivo asiático de primera clase (claro, ya me parecía a mi raro lo de esperar por alguien) llega 5 minutos después.

Mala suerte: El piloto nos comunica que ya que hemos esperado a esta persona ( miles de ojos clavándose en el ”pobre” ejecutivo de primera), hemos perdido el permiso de despegue y junto con éste el de aterrizaje en Düsseldorf. Que para más suerte, hay tormenta sobre la zona de Frankfurt y Düsseldorf y que por ello se nos retrasa la salida ( y llegada por tanto) una hora y media.

En este momento la gente empezó a cabrearse. Unos pedían poder salir del avión, para fumar. Otros nos acordábamos de la tía del constructor del avión, ya que los Bombardier son aviones pequeños. En la parte del equipaje de mano, no entran maletas normales, a lo sumo un bolsito. Por ello, antes de subirte cargan tu maleta de mano en el mini-maletero que tiene el avión. Al ya estar subiendo al avión dejé el móvil dentro de la maleta de mano, puesto que no pensaba necesitarlo durante el vuelo (fallo grande). Al igual que yo estaban muchos, que no podían avisar a quienes les recogían de la tardanza.

Buena suerte: A alguien se le ocurrió el saquear la zona de prensa de primera clase. Y allí estábamos todos, alemanes y españoles “apropiándonos” de periódicos y revistas ante la pasividad de la azafata y azafato.

Tras el saqueo la gente parecía haberse calmado. Pero tras la lectura volvió el enfado. Las azafatas siguieron entonces una táctica digna de los mejores estrategas. Empezaron a servir agua y vino blanco. La mayoría del vuelo 95% eran hombres de negocios, así que esta iniciativa tuvo gran aceptación. Tras una ronda de “copas” los pasajeros estaban ya amansados y charlaban alegremente con los de adelante, a los lados y atrás.

Mala suerte: Ya habiendo despegado y tras la comida en el avión, nos sirvieron la tercera ronda de copas (aquí ya había champagne, cerveza, vino blanco, vino tinto y creo haber visto alguna mini-botella más). Pero de repente turbulencias… Todos con el cinturón puesto, y la azafata diciéndonos que le entregáramos el vaso para que no se cayesen y nos manchásemos.

Pues bien la gente agarrándolo como si no hubiese mañana. Y un jamón de entregarlo, “que todavía quedaba media hora de vuelo”, se oía decir a un alemán.

Ahora solo mala suerte una tras otra: Aterrizamos y nos mantienen media hora en el avión. Ya que no había ya autobús que nos lleve a la terminal. Nos dice además que hemos tenido suerte de aterrizar, porque en Düsseldorf se prohíbe aterrizar a partir de media noche(o algo así).

Una vez hemos aterrizado, me encuentro que no hay ni tren, ni bus, ni metro, ni nada para llegar a casa. En resumen, 35 Euros de taxi.

Pero lo importante de todo, me lo pase muy bien y llegué de una pieza.

domingo, 3 de julio de 2011

Trabajar los sábados es feo

No me ha tragado la tierra. Me ha absorbido uns especie de masa ( de similar consistencia a una masa de pastel mal hecha, que se te pega a las manos hagas lo que hagas). Esta masa tiene varios componentes:
1) Un viaje de m_ _ _ _ _ .
2) Una nevera vacía a la llegada ( porque sí señores, se puede vivir de latas dos meses).
3) Unas prácticas ( que he de reconocer están siendo bastante interesantes, según pasan los días parecen mejorar), pero con horarios especiales. Librar entre semana un día o dos, pero currar el sábado de vez en cuando todo el día.
4) Un enfermito al que cuidar, con enfermedad probablemente causada por punto 2.
5) Una caja de mudanzas mal entregada. Que posteriormente hubo de ser ordenada, sabiendo que queda otra caja por llegar y sintiéndome en una especie de continuo tetris sin fin.
6) Aprendiendo a montar en bici ( holandesa para mayor complejidad)
7) Pensando que hacer laboralmente y formativamente.
8) Intentando responderos a los mails. Me disculpo por ello, pero llego a casa que no puedo con el alma ( por el trabajo ,y porque voy y vuelvo andando 4O min ida y otro tanto de vuelta, ya que hasta que no domine la bici o compre casco o me den el abono de transporte es el único modo de desplazarme a la oficina).

Pues todo esto me ha llevado al típico intento de intentarlo todo, pero no lograr acabar nada.
Pero estas semanas que viene os desarrollaré los puntos 1, 3 , 5 y 6 que tienen miga. Sobre todo el 5, aunque el 6 puede llegar a ser épico.