Tras visitar a mi hermana en Londres tocaba lo mismo con la hermana de Holger en Berlin. Holger viajó unos días antes con sus padres. Yo encontré una oferta con ICE ( el tren rápido alemán) a primera hora de la mañana. Enfrente mío estaba sentado un chino ( deducido del pasaporte que mostró al revisor).Llevaba consigo mil y un gadgets, portátil incluido.
Dos paradas después se subieron dos mujeres de menopáusica edad. Del enorme bolso-saco que llevaban sacaron un termo, dos tazas de porcelana con sus correspondientes platitos y cucharillas, dos naranjas, 4 croissants y una tableta de chocolate.
El espacio de las mini-mesas era limitado, pero esto no pareció molestarles. Mientras me preguntaba quien carajo se va de viaje con tazas de porcelana, pude observar como el chino comenzaba a transpirar.
La mesa no es ante resbalón, más bien lo contrario, está hecha de un material que resbala para que sea fácil de limpiar. Las tazas se movían de un lado al otro al igual que los ojos del chino, ojos que iban del portátil a las tazas una y otra vez.
Cuando creíamos que todo había pasado y las jóvenes damas habían dado por concluido su desayuno, sacaron del bolso-saco un bote de pepinos al vinagre.
El chino y yo nos miramos con cara de angustia. Los siguientes 15 minutos disfrutamos el aromático olor de los pepinollos en vinagre junto con el resto del vagón.
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